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Mantener una correcta hidratación es fundamental para el buen funcionamiento del organismo. Aunque solemos asociar la hidratación únicamente con beber agua, la alimentación desempeña un papel esencial para cubrir las necesidades diarias de líquidos y electrolitos. De hecho, alrededor del 20-30 % del agua que necesita el cuerpo proviene de los alimentos, especialmente de frutas, verduras y otros productos con un alto contenido en agua.

Una alimentación equilibrada, rica en alimentos frescos y de temporada, ayuda a prevenir la deshidratación, especialmente durante los meses de verano, las olas de calor o en personas con mayor riesgo, como niños, personas mayores y deportistas.

¿Por qué es importante mantenerse hidratado?

El agua representa aproximadamente el 60 % del peso corporal de un adulto y participa en funciones vitales como regular la temperatura corporal, transportar nutrientes y oxígeno a las células, favorecer la digestión y la absorción de los alimentos, eliminar sustancias de desecho a través de la orina y el sudor, lubricar las articulaciones y mantener el correcto funcionamiento del cerebro y los músculos.

Una hidratación insuficiente puede afectar al rendimiento físico e intelectual y aumentar el riesgo de problemas de salud.

Alimentos que ayudan a mantenerse hidratado

Una dieta variada y rica en productos frescos aporta una cantidad importante de agua y minerales.

  • Frutas con alto contenido en agua: son excelentes aliadas para mantener una buena hidratación. Entre las más recomendables se encuentran la sandía, el melón, la naranja, la mandarina, las fresas, la piña, el melocotón, la nectarina, el kiwi o las uvas. Además, proporcionan vitaminas, antioxidantes y fibra.
  • Verduras y hortalizas: muchas de ellas contienen más de un 90 % de agua. Destacan especialmente el pepino, el tomate, la lechuga, el calabacín, el apio, el pimiento, las espinacas o las acelgas. Consumirlas en ensaladas, gazpachos o cremas frías resulta especialmente beneficioso durante los meses más calurosos.
  • Sopas y cremas: aunque suelen asociarse al invierno, los caldos ligeros, las cremas frías y las sopas también contribuyen a mantener un adecuado aporte de líquidos. El gazpacho y el salmorejo, consumidos con moderación por su contenido en sal y aceite, son opciones tradicionales que aportan, además, vitaminas y minerales.
  • Lácteos: la leche, los yogures naturales y otros productos lácteos contienen una elevada proporción de agua y aportan proteínas, calcio y otros nutrientes esenciales.
  • Nutrientes que favorecen el equilibrio hídrico: además del agua, el organismo necesita mantener un equilibrio adecuado de electrolitos. Entre los más importantes destacan el potasio, el sodio, el magnesio y el calcio. Estos minerales participan en la función muscular, la transmisión nerviosa y el mantenimiento del equilibrio de líquidos. Las frutas, verduras, legumbres y frutos secos son buenas fuentes de estos nutrientes.
Alimentos y bebidas que conviene moderar

Algunos productos pueden favorecer la pérdida de líquidos o dificultar una hidratación adecuada si se consumen en exceso.

  • Bebidas alcohólicas.
  • Refrescos con alto contenido en azúcar.
  • Bebidas energéticas.
  • Alimentos ultraprocesados con exceso de sal.

El café y el té pueden formar parte de una alimentación saludable cuando se consumen con moderación, ya que contribuyen al aporte total de líquidos.

Consejos para mantenerse hidratado a través de la alimentación

Adoptar pequeños hábitos diarios puede marcar la diferencia:

  • Incluye frutas y verduras en cada comida.
  • Escoge alimentos frescos y de temporada.
  • Prepara ensaladas, gazpachos y cremas frías en verano.
  • Lleva siempre una botella de agua reutilizable.
  • Bebe agua antes, durante y después del ejercicio físico.
  • Incrementa la ingesta de líquidos durante los días de calor intenso.
  • Evita esperar a tener mucha sed para beber.
Señales de deshidratación

Es importante reconocer los primeros síntomas para actuar cuanto antes.

Los signos más frecuentes son sed intensa, boca seca, orina escasa y de color oscuro, cansancio o debilidad, dolor de cabeza, mareo o disminución de la concentración.

En los casos más graves pueden aparecer confusión, somnolencia, hipotensión o pérdida de conocimiento, situaciones que requieren atención médica inmediata.

Personas con mayor riesgo de deshidratación

Algunos grupos necesitan prestar especial atención a su hidratación:

  • Personas mayores.
  • Lactantes y niños pequeños.
  • Mujeres embarazadas y en periodo de lactancia.
  • Deportistas.
  • Personas con enfermedades crónicas.
  • Trabajadores expuestos al calor.
  • Personas con fiebre, diarrea o vómitos.

En estos casos puede ser necesario aumentar el consumo de líquidos siguiendo las recomendaciones de un profesional sanitario.

Mantener una buena hidratación no depende únicamente de beber suficiente agua. Una alimentación rica en frutas, verduras, hortalizas y otros alimentos con alto contenido en agua contribuye de forma significativa al equilibrio hídrico del organismo y ayuda a prevenir la deshidratación.

Adoptar hábitos saludables, especialmente durante los meses de calor o en situaciones de mayor demanda física, favorece el bienestar general y el correcto funcionamiento del cuerpo. Combinar una dieta equilibrada con una ingesta adecuada de líquidos es una de las mejores estrategias para cuidar la salud a cualquier edad.