El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, que se ha convertido en un problema de salud pública en muchas regiones tropicales y subtropicales del mundo. Este mosquito se reproduce en ambientes urbanos y se alimenta principalmente durante el día, con mayor actividad en las primeras horas de la mañana y en la tarde.
El virus del dengue pertenece a la familia Flaviviridae y se presenta en cuatro serotipos distintos: DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4. Una persona puede infectarse por más de uno de estos serotipos a lo largo de su vida, lo que aumenta el riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad en una infección posterior.
¿Cómo se produce su contagio?
El contagio del dengue se produce cuando un mosquito hembra Aedes aegypti pica a una persona infectada con el virus y luego transmite la enfermedad al picar a otra persona sana. El virus no se transmite de persona a persona de forma directa, sino exclusivamente a través del mosquito vector.
El Aedes aegypti se reproduce en aguas estancadas, como floreros, neumáticos viejos, recipientes abiertos y cualquier objeto que pueda acumular agua durante varios días. Por eso, las temporadas de lluvia suelen coincidir con brotes más intensos de la enfermedad.
¿Cuáles son sus síntomas?
Los síntomas suelen aparecer entre 4 y 10 días después de la picadura infectada e incluyen:
- Fiebre alta repentina
- Dolor de cabeza intenso
- Dolor retroocular (detrás de los ojos)
- Dolores musculares y articulares
- Náuseas y vómitos
- Erupciones cutáneas
- Cansancio extremo
En casos más graves, puede desarrollarse dengue grave (antes conocido como dengue hemorrágico), con sangrados, disminución de plaquetas y daño en órganos vitales, lo que requiere atención médica urgente.
Cómo evitar su contagio
La forma más efectiva de prevenir el dengue es controlar y reducir la población del mosquito vector. Además, son clave otras medidas como:
- Eliminar criaderos de mosquitos: vaciar, tapar o eliminar recipientes que acumulen agua, como baldes, macetas, bebederos de animales y neumáticos.
- Uso de repelente: aplicar repelentes autorizados sobre la piel expuesta, especialmente en zonas de alta incidencia.
- Instalación de barreras físicas: colocar mosquiteros en puertas y ventanas, usar ropa de manga larga y dormir bajo mosquiteros.
- Fumigación controlada: en zonas de brote, las autoridades sanitarias pueden aplicar fumigaciones para eliminar mosquitos adultos.
- Vacunación: en algunos países está disponible la vacuna contra el dengue (como Dengvaxia y Qdenga), recomendada solo en personas que ya han tenido una infección previa. Su aplicación depende de criterios médicos específicos.
Tratamiento del dengue
No existe un tratamiento antiviral específico para el dengue. El manejo de la enfermedad se basa en aliviar los síntomas y evitar complicaciones. Es fundamental:
- Descansar en la cama.
- Mantener una adecuada hidratación.
- Tomar medicamentos para la fiebre y el dolor, como paracetamol (nunca aspirina ni ibuprofeno, ya que aumentan el riesgo de sangrado).
- Acudir al médico si aparecen signos de alarma: vómitos persistentes, sangrados, dificultad para respirar o dolor abdominal intenso.
En casos graves, puede requerirse hospitalización y tratamiento de soporte intensivo.
El dengue continúa siendo una enfermedad peligrosa, especialmente en regiones con climas cálidos y lluviosos. La prevención es la herramienta más eficaz para controlar su propagación, y la participación activa de la comunidad es fundamental. Si se toman las medidas adecuadas, es posible reducir significativamente el impacto de esta enfermedad y proteger la salud de todos.