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Cada 16 de junio se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Riñón, una fecha clave para concienciar sobre una enfermedad silenciosa que, en muchos casos, no presenta síntomas en fases iniciales. Por ello, la detección precoz y la prevención son esenciales para mejorar el pronóstico y la supervivencia.

El cáncer renal representa aproximadamente el 3% de todos los tumores en adultos. Afecta más a hombres que a mujeres y su incidencia ha aumentado en las últimas décadas, en parte por una mejor capacidad diagnóstica. Sin embargo, la ausencia de síntomas en etapas tempranas dificulta su detección.

Son varios los síntomas a los que hay que prestar atención, aunque pueden aparecer en fases tempranas:

  • Sangre en la orina (hematuria)
  • Dolor lumbar persistente, sin causa aparente
  • Masa o bulto palpable en el abdomen o costado
  • Pérdida de peso inexplicable
  • Fatiga constante o fiebre intermitente
¿Qué lo puede provocar?

Aunque no siempre es posible identificar una causa concreta, hay factores que aumentan el riesgo:

  1. Tabaquismo
  2. Hipertensión arterial
  3. Obesidad
  4. Exposición prolongada a sustancias tóxicas (como el cadmio o algunos disolventes)
  5. Antecedentes familiares de cáncer renal
  6. Enfermedades genéticas como la esclerosis tuberosa o el síndrome de von Hippel-Lindau
Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico suele realizarse mediante ecografía, tomografía (TAC) o resonancia magnética, tras observarse alguna alteración o en controles rutinarios. En algunos casos se completa con biopsia.

El tratamiento depende del tipo, el tamaño del tumor y si se ha extendido. Las opciones incluyen cirugía (parcial o total del riñón), terapias dirigidas, inmunoterapia o, en algunos casos, vigilancia activa.

La importancia de la prevención

Aunque no se puede prevenir completamente, sí se pueden reducir los factores de riesgo con hábitos saludables:

  • No fumar
  • Controlar el peso y la presión arterial
  • Hacer ejercicio con regularidad
  • Evitar la exposición a tóxicos
  • Realizar revisiones periódicas si existen antecedentes familiares

Prevenir está en nuestra mano y conocer los síntomas puede marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz o tardío. Mantener hábitos de vida saludables es clave para cuidar nuestros riñones y, ante cualquier signo inusual, se debe acudir a un especialista.